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lunes, 29 de septiembre de 2014
De aquellas sombras del pantano
de los arrabales de esa vida
de aquella fría habitación
de la desnudez cuidada de cada verano
del desorden en la oscuridad
de las noches bailando a la luz de las estrellas
de la muerte en los ojos de mi perro
del amor que no podía dibujar
de la droga repugnante y los excesos
del puto entendimiento tan lejano del lenguaje
de todo lo que desapareció y lo que aún existe
de esta normalidad sin normas
de los hijos de puta que no piensan ni perdonan
de esta perfecta imprecisión
de este comienzo eterno
de esta búsqueda infinita
de los besos que escondí
de tu sexo sin amor
de la cárcel del rencor
de la vida en mis huesos
de un día en mis músculos
de estas palabras…
…ya no quiero hablar.
domingo, 18 de mayo de 2014
Martín, el abrelatas y Los Beatles
¿Al natural o en aceite? Se preguntó
Martín frente a la góndola de enlatados. Volví a hablar solo en voz alta,
pensó, y siguió con la decisión.
Llegó a la caja cantando Blackbird,
pagó y salió del local.
La humedad de Buenos Aires empapa
cada rincón, las veredas sudorosas complican el paso acelerado.
Tenía pocos minutos para almorzar y
una reunión de sacos y corbatas aguardaba por él.
La plaza de la estación nunca es la
mejor opción, pero esa vez era la única.
Abrió el morral, y entre libros,
lentes y discos estaba el pequeño y puntiagudo abrelatas esperando pincharle
algún dedo en el revoltijo. Y, efectivamente, el meñique sangró.
La idea que alguien tuvo de hacer
mesas y bancos de cemento en los parques fue ideal para estos casos. Comenzó
con la apertura. Giraba la lata sostenida con la mano izquierda mientras, la
otra incasable, se movía veloz de adentro hacia afuera, de arriba hacia abajo.
Empezó a notar que el óxido del utensilio hacía más arduo el trabajo. Ya casi
terminaba, tan sólo unos pocos movimientos más y tendría el almuerzo a
centímetros de su boca. Pero, como siempre sostuvo, la suerte no existe. Ni es
buena ni es mala; no es. Somos nosotros y las decisiones que vamos escogiendo.
Por lo tanto, Martín continuó sin cesar. La técnica era buena, pero el
abrelatas no. Los minutos se consumían y el hambre crecía. Veía que todo su
alrededor se había paralizado a mirarlo. ¿Eran sus gestos tal vez? Cuando la
furia empieza a tomar la forma de nuestro cuerpo, de nuestro rostro, se apodera
de uno completamente. Y es evidente desde el afuera todo lo que no lo es desde
el interior. ¡Pero si ya casi estoy! Un poquito más de fuerza hacia allá, otro
poco para acá, sacudimos hacia abajo y… ¡cuidado! La lata puede salir disparada
en cualquier dirección.
La voz con la que nos hablamos
influye sobre todas nuestras acciones. El propio aliento nos lleva a los
resultados que queremos obtener. ¡Vos podés Martín, vos podés! Vos podés… ir a
comer al restaurante de en frente.
Cruzó la avenida vencido. Las manos
ampolladas y el reloj impaciente sobresalían en este medio día de martes.
Sonaba Julia y todo el entorno brillaba. Escuchar el Álbum Blanco, hace de cada
momento una poesía.
Nuria Nuy ©
Nuria Nuy ©
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